Lectura Misa del Día Viernes Agosto 12 2016
Viernes: de la XIX semana del Tiempo ordinario
Ezequiel: 16, 59-63
Tendré presente la alianza que
hice contigo y tú te avergonzarás.
Esto dice del Señor: "Yo te
trataré, Jerusalén, conforme a tus acciones, pues despreciaste tu juramento y
quebrantaste mi alianza. Pero yo tendré presente la alianza que hice contigo
cuando eras joven y haré contigo una alianza eterna. Tú te acordarás de tu
conducta y te avergonzarás al recibir a tus hermanas, las mayores y las
menores, pues yo te las daré como hijas, pero no en virtud de la alianza hecha
contigo.
Yo mismo haré una alianza eterna
contigo y sabrás que yo soy el Señor, para que tengas presente tu pasado, te
avergüences y no vuelvas a abrir la boca para presumir, cuando yo te perdone
todo lo que hiciste". Esto dice el Señor todopoderoso.
Isaías 12
R/. El Señor es mi Dios y
salvador.
El Señor es mi Dios y salvador,
con Él estoy seguro y nada temo. El Señor es mi protección y mi fuerza y ha
sido mi salvación. Sacarán agua con gozo de la fuente de la salvación. R/.
Den gracias al Señor e invoquen
su nombre, cuenten a los pueblos sus hazañas, proclamen que su nombre es
sublime. R/.
Alaben al Señor por sus proezas,
anúncienlas a toda la tierra. Griten, jubilosos, habitantes de Sión, porque el
Dios de Israel ha sido grande con nosotros. R/.
San Mateo: 19, 3-12
Por la dureza de su corazón,
Moisés les permitió divorciarse de sus esposas; pero al principio no fue así.
En aquel tiempo, se acercaron a
Jesús unos fariseos y, para ponerle una trampa, le preguntaron: "¿Le está
permitido al hombre divorciarse de su esposa por cualquier motivo?". Jesús
les respondió: "¿No han leído que el Creador, desde un principio los hizo
hombre y mujer, y dijo: 'Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, para
unirse a su mujer, y serán los dos una sola carne'? De modo que ya no son dos,
sino una sola carne. Así pues, lo que Dios ha unido, que no lo separe el
hombre".
Pero ellos replicaron:
"Entonces ¿por qué ordenó Moisés que el esposo le diera a la mujer un acta
de separación, cuando se divorcia de ella'?".
Jesús les contestó: "Por la
dureza de su corazón, Moisés les permitió divorciarse de sus esposas; pero al
principio no fue así. Y yo les declaro que quienquiera que se divorcie de su
esposa, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, y se case con otra,
comete adulterio; y el que se case con la divorciada, también comete
adulterio".
Entonces le dijeron sus
discípulos: "Si ésa es la situación del hombre con respecto a su mujer, no
conviene casarse". Pero Jesús les dijo: "No todos comprenden esta
enseñanza, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido. Pues hay hombres
que, desde su nacimiento, son incapaces para el matrimonio; otros han sido
mutilados por los hombres, y hay otros que han renunciado al matrimonio por el
Reino de los cielos. Que lo comprenda aquel que pueda comprenderlo".
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| Audio Gabriel Trejo |

¿Es mejor no casarse? Es mejor entregar la vida, en totalidad, por el Reino de los Cielos. Esta enseñanza no todos la comprenden.
ResponderEliminarJamás podremos tener en menos la Alianza matrimonial, bendecida por Dios desde el principio. Quien ha sido llamado a la vida matrimonial no puede tomar dicha alianza como si fuese un experimento.
San Juan de la Cruz al hablar del amor unitivo entre Dios y la persona humana nos hace una descripción que podemos aplicar, a su modo, a la alianza matrimonial: En la alianza matrimonial sucede como cuando en tierra corre un río y cae sobre él la lluvia del cielo; una vez unidas las dos aguas es imposible separarlas. Unidos por Dios el hombre y la mujer son una sola carne. Por eso, lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.
Pero así como es Dios quien llama a este servicio de amor matrimonial, así es Dios quien llama a un amor indiviso a Él y a su Iglesia para convertir a los suyos en testigos de su Evangelio, y en un signo vivo del amor salvador de Dios en el mundo y su historia.
Muchos no entenderán esto, sólo aquellos a los que realmente Dios se lo haya concedido. Conforme al llamado recibido por Dios, vivamos nuestro amor fiel y fecundo desde el cual sea posible construir el Reino de Dios en el mundo y en cada uno de nuestros hogares.
Jesús, el Hijo de Dios e Hijo del Hombre, ha sellado, mediante su Sangre, una nueva y definitiva Alianza con nosotros. Él ha entregado su vida para purificarnos de todo pecado, pues nos quiere resplandecientes, con la gloria del mismo Dios. Y Él jamás dará marcha atrás a esa Alianza con su Iglesia.
Hoy nos reúne en esta Eucaristía para fortalecer los lazos de amor que nos unen. Él espera de nosotros un amor siempre fiel.
El Señor no quiere que sólo vengamos como espectadores a su presencia, pues si al partir a nuestras labores diarias damos la espalda al Señor y le vivimos de un modo infiel no podremos hablar ni de firmeza en la fe, ni de firmeza en el amor, pues éste sería como nube mañanera, como rocío que se evapora al salir el sol, es decir al vernos agobiados e inquietos por tantas cosas que a veces nos angustian y oprimen en la vida y que llevan a muchos a dar marcha atrás en el amor, a la Alianza entre Dios y nosotros.
Dios llama a cada uno a un estado de vida que debe ser siempre fecundo, portador de vida.
Aquellos que realizan su vida en la unión matrimonial son hechos, por Dios, una sola carne. Esto se convierte en una realidad suprema en el hijo de ambos, el cual llevará siempre el cuerpo y la sangre de sus padres, prolongándolos en la historia. Amar y velar por ese hijo es velar y preocuparse por uno mismo. De ese hijo sus progenitores jamás podrá retirar lo que a cada uno le pertenece. Así, en la Alianza Matrimonial, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre, y no sólo en el hijo, sino en aquellos que lo engendraron. Sólo la persona inmadura es incapaz de aceptar o conservar un compromiso de tal magnitud.
Quien permanece célibe por el Reino de los cielos lo entrega todo para colaborar en el engendramiento de los hijos de Dios, por quienes velará y luchará como lo hacen los padres con sus hijos; y esto no sólo con sus oraciones, consejos, pláticas y homilías, sino con su cercanía, haciendo suyas las esperanzas, angustias y tristezas de todos lo que Dios puso en sus manos para que ninguno se les pierda.
Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de cumplir con amor la misión que a cada uno de nosotros nos ha confiado, para convertirnos en constructores del Reino de Dios en el mundo entero, partiendo de la construcción que de él hemos de hacer en el seno familiar. Amén.